Katrin Himmler: «Himmler no estaba dividido como Jekyll y Hyde»

16/Sep/2014

ABC, España, Laura Revuelta

Katrin Himmler: «Himmler no estaba dividido como Jekyll y Hyde»

No sé si Katrin Himmler
lleva a gala o no su apellido. Desde luego, es de los que marcan en el pasado,
en el presente y en el futuro. No sé si lo lleva a gala porque sus esfuerzos
por investigar las implicaciones de sus familiares en el Holocausto se han
convertido en uno de sus desvelos, profesionales y personales, y también en una
especie de tortura mediática. Purga la culpa de toda su estirpe en la Historia
reciente de Alemania y Europa con una integridad intelectual encomiable. Pero,
por momentos, también se siente molesta porque las entrevistas le resultan
demasiado personales. Claro, lo entiendo, pero ¿de qué le vamos a preguntar?
Confiesa en algún momento de nuestra conversación que «podría dar declaraciones
todos los días, de la mañana a la noche». Sí, el peso pesadísimo del apellido
Himmler.
¿Qué nuevos datos aporta
este libro de correspondencia entre Himmler y su esposa?
Lo que encontramos no es
sensacionalista. Sin embargo, clarifica más sobre la persona y el personaje de
Heinrich Himmler. Por ejemplo, una cosa importante que descubrimos es que, a
principios de la década de 1920, era mucho más importante para el partido nazi
de lo que los historiadores pensaban con anterioridad. Se creía que antes de
1933 no era un personaje demasiado relevante, pero eso no es verdad. Ya era muy
cercano a Hitler y estaba organizando cosas importantes dentro del partido. Lo
principal, diríamos, es que fue muy consciente durante toda su vida de lo que
pensaba. Estaba muy convencido de su ideología desde sus primeros años, desde
que era estudiante, y luego, siempre siguió fiel a las mismas ideas. Se
radicalizó lentamente a lo largo de los años. Pero cada paso de su
radicalización hacia el Holocausto fue algo lógico. Para él, era muy necesario
hacerlo.
¿Se conocía la existencia
de esta correspondencia antes de la actual publicación?
«Himmler se radicalizó
lentamente. Pero cada paso fue algo lógico»
Se sabía desde la década
de 1980 que había documentos privados y los archivos federales alemanes estaban
comprobando si tales papeles eran auténticos. El hombre que los guardó durante
mucho tiempo en su casa los reclamó a los archivos a lo largo de la
investigación porque quería venderlos, pero por un precio muy elevado, y nadie
quería pagarlo. En un extenso informe se ratificó que eran auténticos, que
encajaban perfectamente con los otros documentos que ya se tenía en los
archivos.
¿Cree que todavía pueden
aparecer más papeles que abran nuevas vías de investigación?
Son solamente detalles lo
que puede descubrirse. Aunque todavía faltan bastantes documentos por
localizar. Por ejemplo, las cartas de Heinrich Himmler, la parte más importante
de estos documentos, no son las originales. Nadie sabe dónde están los
originales o si fueron destruidos. Faltan muchas de las cartas –o no están
completas– de la década de 1930. Y, naturalmente, siguen faltando todas las
cartas entre Heinrich Himmler y su amante, Hedwig Potthast. No sabemos si
alguien en el mundo las guarda o no. Y quizás alguien las ofrezca durante los
próximos años, como sucedió con otros documentos. Por ejemplo, hace diez años,
el diario de Marga Himmler fue ofrecido al Holocaust Memorial Museum de
Washington. Las cosas ocurren así, nadie sabe qué aparecerá, ni cuándo ni cómo.
¿Y esos detalles pueden
destapar aspectos más crueles y sórdidos que los ya conocidos sobre el
Holocausto y sus protagonistas?
«El papel de la mujer en
el III Reich era más importante de lo que se pensaba»
Por supuesto, nunca
puedes terminar y nunca puedes contar todas las historias horribles. Creo que
la narración fundamental se ha contado y se ha investigado y se ha explicado
muy pormenorizadamente, pero lo que han publicado los científicos estos últimos
años son más detalles. Por ejemplo, todas las investigaciones sobre los
responsables siempre se han centrado al principio en los protagonistas, y
luego, en los años siguientes, los historiadores han estudiado los niveles
inferiores de responsabilidad. Eso ayuda a entender cada vez más cómo podía
funcionar esta maquinaria. Sólo se puede entender cuando se sabe que miles de
personas participaron en el sistema activamente. Los historiadores calculan que
unos 500.000 alemanes estuvieron implicados directa o indirectamente en el
Holocausto. Es una cifra increíble de personas. Y todas tenían familia y no
hablaban de ello. Y es posible imaginar lo que significó este legado para las
siguientes generaciones. Hay mucha culpa dentro de algunas familias.
La mujer de Himmler,
Marga, es la otra protagonista de este libro. Cuéntenos de ella.
Podemos ver muy bien que
el papel de la mujer era más importante en el Tercer Reich de lo que se pensaba
hasta hoy. El problema es que, políticamente, las mujeres no tenían ninguna
influencia importante, pero sin embargo estaban igual de convencidas
ideológicamente que los hombres. Vemos aquí que Marga era tan radical como su
marido desde el principio, cuando se conocieron en 1927, y que era tan
antisemita y nacionalista como él, y odiaba y despreciaba a tanta gente como
él. No tenía ninguna razón para sentirse superior a otras personas, pero se
sentía así. Esta era la base que tenían en común, y durante los años siguientes
se radicalizaron cada vez más. Una de las causas por las cuales Himmler nunca
le hablaba a ella del Holocausto es porque no era necesario para él, ya que
sabía que compartían la misma opinión.
¿También compartían el
mismo nivel de culpa?
«Todavía no existe una
conexión entre la Historia oficial y su parte privada»
No, por supuesto. Su
papel es menos importante, y su responsabilidad no es comparable con la de
Heinrich Himmler. Sigue habiendo una gran diferencia entre cometer crímenes y
pensar de una forma criminal. Es muy difícil, no se puede comparar. Creo que lo
que sí deberíamos reconsiderar es lo importante que resulta el papel no sólo de
las mujeres, sino de otros grupos de la sociedad a la hora de apoyar a los
responsables del Reich. Había mucha gente que les apoyaba –especialmente sus
esposas– en los crímenes de masa y de odio, y de muchas maneras diferentes: no
sólo porque se ocupaban de los hijos y de los maridos cuando volvían de cometer
los crímenes, sino también porque bastantes mujeres, durante la guerra,
trabajaban en la fabricación de armas. Y muchas mujeres trabajaban en la
Administración, escribiendo a máquina, por ejemplo, las cartas para las
deportaciones de los judíos. Había muchas formas de trabajar para apoyar el sistema,
y las mujeres también desempeñaron su papel en ello. Creo que el sistema sólo
podía funcionar perfectamente porque las responsabilidades se repartieron.
Y dentro ya de los
miembros del Reich, ¿se pueden establecer niveles de responsabilidad?
En general, nunca se
puede decir que un ser humano es absolutamente bueno o malo. Eso no es
realista. Si se observa la procedencia de los miembros del Tercer Reich, tenían
mucha formación, tenían estudios, tenían doctorados. Tenían todos los
requisitos para ser buenos cristianos, tolerantes, para ayudar a otras
personas, a personas más débiles; pero fueron lo contrario.
Da gran importancia a la
familia, a llevar un apellido y no otro; en su caso, el de Himmler. Usted, hace
unos años, publicó «Los hermanos Himmler», un libro en el que lo contaba todo.
Sí, claro. Creo que
muchos alemanes sienten esa responsabilidad, y existen muchas formas de
mostrarla. No quiere decir que tengas que publicar un libro o investigar el
pasado y a tu familia. El hacerlo puede ayudar, hace que las cosas sean más
fáciles, pero no es la única vía. Hay muchas personas, hoy, muy comprometidas
en la lucha contra el racismo, contra los grupos de extrema derecha y contra la
violencia que generan. Muchas de ellas entienden que la forma de mostrar
responsabilidad por la Historia en Alemania es comprometiéndose de esa manera,
pero eso no significa que deban centrarse en el pasado. Creo que se trata más
de qué podemos aprender del pasado y de cómo podemos comprometernos para evitar
que se repita.
¿Esperaba la recepción y
trascendencia de los libros que ha publicado sobre la familia Himmler?
«Himmler era un padre muy
estricto y muy duro en su educación»
No hay ningún otro
dirigente nazi del que tengamos tantos documentos personales; como estas conversaciones,
como estas cartas con su mujer a lo largo de los años. Es una conversación muy
larga, y es algo que no encontramos muy a menudo. Pero, por supuesto, muchas
personas están muy disgustadas por algunos detalles de estos documentos, por
las banalidades que intercambian, y creen que no hay nada interesante en ellos.
Parece que es así a primera vista, pero luego, si lo miras otra vez y lo
entiendes mejor, ves que el contenido de esas cartas es muy interesante e
importante, aunque no resulte sensacionalista. Lo que resulta llamativo son los
detalles.
¿Como cuáles?
Lo que fue más importante
para nosotros, por ejemplo, fue ver que Himmler no estaba dividido en dos
personalidades, como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Era una sola persona. No era,
por una parte, un monstruo y un asesino en masa y, por otra parte, un buen
padre. También era un padre muy estricto y muy duro en su educación, que
castigaba a los niños. Todo eso pertenece a la misma ideología y a la misma
teoría sobre cómo tratar a las personas.
Aunque antes afirmaba que
se puede y se debe aprender del pasado, ¿no cree que hay similitudes entre la
Europa de aquellos años y la de ahora?
Creo que siempre es muy
difícil comparar dos épocas. La Historia siempre cambia y nunca se repite.
Pero, por supuesto, hay paralelismos con la situación actual. La crisis
económica, que fue una de las principales causas de los acontecimientos en
Alemania, se fue radicalizando. No obstante, hay diferencias. Por ejemplo, si
observamos la aparición de los partidos y de los movimientos de extrema derecha
en Europa hoy, o la fortaleza del racismo que se puede ver en los últimos años,
cada vez más fuerte. Todo eso tiene más que ver con una nueva forma de racismo
en la que tratamos de defender lo que tenemos frente a los que vienen de los
países pobres a compartir nuestros avances, y que también quieren una vida
mejor, como la nuestra. Es el derecho de cualquier ser humano, pero no estamos
dispuestos a compartirlo con ellos. En aquella época, Alemania era muy
chauvinista y estaba muy convencida de ser una raza superior y de tener el
derecho de desempeñar un papel más importante en el mundo.
Usted vive ahora en
Berlín. Es una ciudad plagada de memoria histórica en cada esquina.
«No quiero hablar del
conflicto judío-palestino. Es muy problemático»
Creo que hay mucha
conmemoración. Hemos trabajando para recordar a los judíos asesinados. Sabemos
mucho sobre la Historia escrita. Cada pueblo pequeño y cada localidad pequeña
recuerdan a los habitantes judíos, reconstruyen sus vidas y tratan de averiguar
por qué vinieron a Alemania. Se pueden ver documentales todos los días en la
televisión; esta es la parte oficial. Sin embargo, los jóvenes no pueden
identificarse normalmente con estos programas educativos o conmemorativos. Es
algo relacionado con el problema básico de que en las familias la gente sólo
está empezando a hablar de ello muy poco a poco. Hay muchas generaciones en las
que ha sido imposible hablar sinceramente de lo que ocurrió dentro de las
familias y sobre las respuestas adecuadas a la pregunta de si se participó o
no. Sólo es la tercera o la cuarta generación la que puede empezar a preguntar.
Todavía no existe una conexión entre la Historia oficial, la conmemoración oficial
y esta parte privada de la Historia. Queda un largo camino y aún no hemos
aprendido realmente de la Historia.
No hablemos siempre del
pasado. ¿Qué opina del conflicto judío-palestino, usted, que está casada con un
judío?
De eso no voy a hablar.
Es muy problemático. Nunca hablo de ello. Me gustaría que se mencionase que no
quiero hablar de ello. Con mi apellido prefiero no hablar de ello.